#21D. Cada día tiene su afán

Las continuas decepciones que no cesa de provocarme el género humano me han llevado a un punto de relativismo que podría ora calificarse de cinismo, ora de pragmatismo, ora de racionalidad.

Hace mucho que me he dado cuenta de que una de mis contestaciones preferidas es depende. Malo cuando la persona con la que estoy conversando espera una consigna absoluta, una certeza dogmática e infalible haga sol o llueva, sea de noche o de día. Si de algo me he vacunado es de certezas absolutistas, cómodas como salvavidas a las que aferrarse para que las neuronas no te provoquen conflictos internos pero, habitualmente, erróneas y que resultan herramientas para que el popecillo de turno te guíe en la dirección que le conviene que siga el rebaño.

Tomemos el ejemplo de Catalunya, donde el PSC, tiempo ha, gobernó en un tortuoso tripartito con ERC y la marca electoral catalana de Izquierda Unida. Quienes andan por la vida más pendientes de las etiquetas y de las imágenes corporativas que de la realidad, tozuda y cruel en ocasiones, ya van filtrando comentarios para repetir la operación al hilo de los resultados previsibles en las próximas elecciones del 21D. Pero la vida da muchas vueltas, y hoy no es entonces.

El independentismo catalán ha deformado y fracturado muy gravemente la sociedad catalana convirtiendo un símbolo de europeísmo cosmopolita en una pesadilla racista y aislacionista. La convivencia se ha erosionado y el enfrentamiento y la división de la sociedad se ha polarizado hasta unos niveles difícilmente sostenibles. Los daños provocados a la economía están teniendo terribles repercusiones en el modo de vida cotidiano de amplios sectores sociales, especialmente los más débiles.

Tras el 21D el socialismo catalán no debe alinearse, ni siquiera coyunturalmente, con los responsables de la tragedia que está destrozando Catalunya. No puede haber pacto ni acuerdo de ningún tipo con ERC, máxima beneficiada de la desintegración del PDeCat y del fracasado golpe de estado secesionista.

Hoy por hoy es urgente e imprescindible una renovación en profundidad de las instituciones y la administración catalana, una descontaminación de la xenofobia separatista que, obligatoriamente, exige dejar fuera a quienes han fomentado el odio y el enfrentamiento.

Los partidos que se han enfrentado al independentismo deben poner todo de su parte para, en este momento crucial e histórico, dejarse de memeces sectarias y partidistas y darlo todo por reconstruir una Catalunya abierta al mundo, limpia del odio xenófobo y a la que regresen la libertad y la democracia.

Y dejémonos de pamplinas y de considerar de izquierdas o progresistas a los nazis de ERC. Ahora toca romper cualquier pacto o alianza con ellos en cualquier institución y trazar una línea roja bien firme y nítida entre quienes apuestan por la convivencia democrática y quienes apuestan por el odio xenófobo.

@JoseRaigal

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