Cómo entráis al trapo…

Desde la caída del Muro de Berlín no recuerdo una época más plagada de decepciones hasta la presente. Algunas no son nuevas, otras simplemente devienen a través de nuevos canales, ya he hablado en algunas ocasiones de ellas en este mismo blog (1).

Esta semana pasada hemos asistido a algo que se viene repitiendo desde el desarrollo masivo de las redes sociales, y es que en cuanto algún energúmeno se despacha con alguna animalada, tiene entretenida a la afición rival durante una semana o más.

Rafael Hernando, de profesión provocador, obtuvo en el debate de la moción de censura un clamoroso éxito cuando con su intervención machista y repulsiva consiguió atraer todos los focos sobre él, de una forma a mi entender absolutamente desproporcionada.

¿O acaso suponéis que cuando se despacha con sus vómitos en forma de discurso no sabe cual serán las consecuencias? Pone el trapo rojo y la clac antipepera se desgañita como si no hubiese un mañana. ¡Que fáciles sois!

Me imagino a los cromañones habituales de la derecha riéndose por anticipado al preparar sus groserías y, a posteriori, disfrutando como marranillos en un charco con los memes, tuits y artículos que se les dedica.

Dicen que el mejor desprecio es no hacer aprecio, y no puedo estar más de acuerdo. Aunque las tripas se revuelvan con muchas declaraciones de esta chusma, no estaría de más pasar de ellos y no demostrarles lo que consiguen cabrearos.

Una cosa es criticar sus palabras y otra regodearnos una y otra vez con tal profusión e intensidad que no les cabrá duda a los provocadores que os han llegado hasta el fondo.

@JoseRaigal

(1) Véanse, por ejemplo, los posts Espabila: existe vida fuera de Twitter o Miente, que algo queda