La izquierda cainita

CAIN

Me vais a disculpar la referencia bíblica, quienes sois guardianes de la pureza ideológica de la izquierda. Tomadla como mero recurso literario, pues sugiere de inmediato el enfrentamiento homicida entre hermanos.

Una oleada de ilusión desbordó los corazones progresistas la noche electoral del 24 de mayo. De forma instintiva en los comedores de las casas, cenando ante el televisor, según avanzaban los resultados se iban diseñando las coaliciones naturales para desembarazarnos de la derecha casposa de Rajoy y sus huestes.

Se hacía de forma instintiva porque, además de la conciencia de clase, el pueblo trabajador también tiene instinto de clase, hay cosas que necesitan de poco razonar cuando se trata de necesidades vitales. Sacarse de encima al PP es una de ellas, después de padecer su gobierno, el más nefasto de toda la etapa Democrática para la clase trabajadora en particular y la ciudadanía en general.

Por eso, en los días siguientes, los apocalípticos discursos de los mesías de turno cayeron como jarros de agua fría. Lanzaron exigencias inasumibles, poco respetuosas con las organizaciones presuntamente compañeras de futuras coaliciones, exigiendo cambios de 180 grados en sus políticas, o rapiñando las presidencias de Autonomías y Ayuntamientos aún teniendo menor número de votos que los probables colegas de gobierno.

Acostumbrado a la parafernalia de la política, repleta de escenificación y postureo, quiero creer que tanta incoherente intransigencia quedará en meras maniobras para encarar la negociación de los pactos desde posiciones más ventajosas.

No quiero creer que el infantilismo de algunas y algunos, más ególatra y soberbio que purista y dogmático, dé al traste con el deseo colectivo de sacar de sus cargos a individuas como Rita Barberá, Cospedal o Esperanza Aguirre. Si eso ocurriera, la responsabilidad caería en quienes hicieran imposibles los pactos por su rigidez extrema y sus exigencias antinaturales.

Mucho se habla de Carmona, nuestro concejal socialista de Madrid. Sin andarse con discursos incendiarios ni mirando de reojo, desde el primer momento dejó absolutamente claro que el Partido Socialista haría lo que fuera para que Esperanza Aguirre no fuera la alcaldesa, sino que lo fuera Manuela Carmena.

Más de una y más de uno deberían tener la misma claridad de ideas sobre lo que reclaman quienes han votado a la izquierda, y en consecuencia facilitar las coaliciones lógicas que desalojen al PP. De lo contrario, llevarían la decepción y frustración a esos corazones ilusionados que mencionaba al principio, por muchas explicaciones que pretendieran dar.

Esperemos que el sentido común se imponga y, como dijimos la misma noche de las elecciones, vuelva la izquierda.

@JoseRaigal

Post de José Raigal

 

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