Lo que no quiero

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Hace años, cuando andaba entablando relaciones variadas y mi vida afectiva era un caleidoscopio poliédrico, en las conversaciones protocolarias disfrazadas de intimidad natural que perseguían establecer complicidades más o menos provisionales, había una frase típica “No sé lo que quiero, pero sé lo que no quiero” a partir de la que se pretendía dejar abiertas diversas opciones que facilitaran el acercamiento 😉

Pasado el tiempo y sentada la cabeza, me viene el recuerdo de la frase para aplicarla a los revoltosos tiempos que vivimos y a la próxima cita con las urnas que tenemos para el 20 de diciembre. Aunque tengo más que claro lo que quiero, y quienes seguís este blog lo conocéis de sobra, me desenvuelvo con más promiscuidad política entre gentes de diversas opiniones con las que coincido más en lo que no quiero.

Porque lo que no quiero es el continuismo de la derechona manejando nuestras vidas, sea con Rajoy o sea con Soraya, que ya se han dedicado a generar frustración y sufrimiento los cuatro años que se auparon en su mayoría absoluta con la inestimable ayuda de los del “No nos representan” o los del “Son lo mismo”.

Se han destruido proyectos de vida, se ha negado la ilusión en el futuro o el poder vivir con criterios propios, la inseguridad se ha enseñoreado en el día a día, y a quienes vivimos de nuestra fuerza de trabajo se nos ha enfangado en un pesado chapapote de miedo e indefensión por aquella peste que supuso la reforma laboral del PP, incomparablemente más perversa y venenosa que cualquiera de las anteriores o que todas ellas juntas.

Hay más miedo, más incertidumbres y menos alegría. A menudo no se busca ya vivir, sino que se pretende únicamente sobrevivir, y eso tiene unos responsables muy concretos porque son quienes te han arrojado a las patas de los caballos, para que malvendas tus horas o tus días para poder salir adelante.

Eso es lo que no quiero. Es lo que no queremos muchas de las gentes que padecemos las consecuencias de aquel nefasto 20 de noviembre en que, por activa o por pasiva (repito, por activa o por pasiva) entregamos a la camada negra de Rajoy el poder absoluto para amargarnos la vida.

Aplícate el cuento. Reflexiona. Porque el ser humano es la única bestezuela que tropieza una y otra vez en el mismo pedrusco, y ya va siendo hora de que cambiemos, que luego derramar lágrimas e improperios puede servir de desahogo, pero no resuelve nada.

@JoseRaigal