¿Parados parásitos?

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La derecha siempre ha tendido a criminalizar a los parados como mezquina excusa para justificar el recorte de las prestaciones y subsidios. Abundan los falsos tópicos sobre el supuesto fraude para cobrar las prestaciones o sobre la presunta comodidad de encontrarse en el desempleo en vez de trabajando.

¿Sólo la derecha?

Quienes han tenido la desgracia de tener que acudir al Inem a gestionar su búsqueda de empleo o el pago de sus prestaciones han topado en más ocasiones de las deseables con el típico funcionario que les trata con desprecio, poniéndoles trabas para cambiar una de las citas para algún trámite de ésas que la administración te pone a voleo o con los criterios que Dios les de a entender.

La frase típica de “si está usted parado ¿por qué no va a poder acudir ese día?” relega a quienes se encuentran en desempleo a un estatus similar al de los controlados judicialmente que han de fichar periódicamente en Comisaria o al de los presos en régimen abierto que deben pernoctar en la cárcel. No les digas que tienes un viaje programado, o gestiones que hacer ese día fuera de tu provincia, si estás enfermo prepárate para coleccionar justificantes… Esos burócratas aspirantes a diosecillos, bien apoltronados en sus cómodos empleos de por vida (recuerda, son funcionarios) se permiten mirarte como si intentaras defraudar a  las arcas públicas si, por ejemplo, has de acudir a un entierro en otra provincia o, más lúdicamente, tus padres inviten a todos sus hijos (parados o empleados) a un viaje a Canarias para celebrar un evento familiar. ¿Acaso los parados no tienen derecho a moverse, a vivir, a acudir a eventos?

Asocian el depender de una prestación pública a tener que estar disponibles los 365 días del año para acudir volando y sin excusas a su voz de mando. Que alteres la rutina gris del chupatintas que ha de gestionar un cambio de fecha parece que le llega al alma y te ponen mil trabas e impedimentos para acabar haciéndolo, en los casos que lo hacen (que también hay alguno).

Probablemente se me diga que esto no es la generalidad, y es posible que no lo sea, que haya algún funcionario con sensibilidad social, pero conozco muy buena gente que tiene la desgracia de haber estado en el desempleo, y a la tragedia real de inestabilidad e incertidumbre que conlleva dicha situación han tenido que añadir el soportar la desconfianza y el desprecio del burócrata de turno, para el que todas las personas desempleadas son sospechosas de potencial fraude, y-a-saber-por-qué-no-puede-venir-el-martes-con-la-excusa-de-que-no-va-a-estar-en-Madrid,-encima-de-que-están-parados-se-van-fuera,-que-estamos,-de-vacaciones-o-peor-aún-seguro-que-trabajando-en-negro.

Este rechazo miserable y patológico a los parados, especialmente grave en el caso de algunos empleados públicos que les prestan un servicio, no queda sólo aquí sino que, por desgracia, se extiende ampliamente entre la sociedad, con la mezcla de ignorancia y mezquindad que a muchos individuos les lleva a enseñarse con el más débil y necesitado.

Las personas desempleadas no son parásitas, sino que se encuentran en una difícil e indeseada situación en la que necesitan de la protección de la sociedad, y no de la hostilidad de quienes se sienten a salvo en su estatus actual, en su zona de confort desde la que se atreven a mirar por encima del hombro a los demás.

Repugnante. Cosas como éstas devalúan, aún más, mi maltrecha fe en el ser humano.

@JoseRaigal

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