Inquisidores de “izquierda”

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Es divertido que Pablo Manuel Iglesias ahora se autoproclame sumo sacerdote de la izquierda pura, purísima, auténtica e inmaculada. Más que nada porque empezó su esperpéntico y oportunista show en política situándose por encima de la dialéctica izquierda-derecha, cual joseantoniano moderno, ya que Falange Española es la pionera en esto de decir que ni de izquierdas ni de derechas.

La hemeroteca, a la que tanto recurren los podemitas, vuelve a demostrar que Pablo Manuel ve la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio. Él, que rechazó un Gobierno de progreso porque Ciudadanos es de derechas, y en consecuencia permitió al PP seguir en el Gobierno, es el autor de frases como “El debate político izquierda-derecha es de trileros”, “La política entre izquierda y derecha es una estafa”, “Con el juego izquierda-derecha gana la banca”“No es izquierda o derecha, es dictadura o democracia”… Para quienes argumenten que están sacadas de contexto, en cada una de ellas incluyo el enlace al texto completo de sus declaraciones en cada momento. Pinchad y leed 😉

Pero no va este post hoy sobre el oportunismo mezquino e hipócrita de Pablo Manuel, en la línea de decir, aún contradiciéndose, en cada momento lo que estima que le da más votos, sea lo que sea. Va sobre los profetas dogmáticos y engreídos que en la izquierda tenemos, que se sienten con derecho a repartir los carnés de quien es de izquierda y quien no, como si hubieran sido ungidos cual guardianes de la fe por la gracia divina.

Mal vamos cuando algunos izquierdistas convierten en una religión los ideales de democracia, libertad y progreso para la clase trabajadora. Esos dogmas es lo que tienen, que puede que en origen fuesen ideales con espíritu crítico y constructivo, pero acaban convirtiéndose en refugio de gente corta de entendederas que prefiere las letanías a los razonamientos.

Aunque Podemos se lleva la palma como secta en el panorama social español, lamentablemente los cabezabuque en posesión de la verdad absoluta existen en todas las formaciones políticas, sin excepción. Realmente, son una subespecie que abunda en el género humano, pero en el caso de quienes se arrogan el marchamo charcutero de “verdadera izquierda” tienen doble delito.

El espíritu crítico y racionalista es una parte fundamental del bagaje cultural de la izquierda, no olvidemos que, precisamente, las corrientes de opinión marxistas se reclaman del Socialismo Científico, precisamente en la búsqueda de una objetividad en el método de análisis más allá de los idealismos utópicos.

Desenvolverse en la vida con dogmas inatacables, fuera de los cuales todo es erróneo, nefasto o (en el caso que nos ocupa) de derechas, sirve para que encuentren una falsa seguridad quienes tienen la misma capacidad de análisis y de razonamiento complejo que una ameba.

El maniqueismo de trazar una línea roja alrededor de tu grupo, y todo lo que queda fuera de tu círculo es malo, está claro viendo los tiempos que corren que tiene utilidad para cohesionar el rebaño. Lo ha tenido en todos los sistemas totalitarios, que cuanto más estrictamente definían quienes eran absolutamente buenos, y quienes absolutamente malos, más garantizaban el control del mesías (o del führer) sobre sus acolitos para alcanzar el poder y, posteriormente, perpetuarse en él.

El refranero es poderosamente revelador, y el famoso “Dime de qué presumes y te diré de qué careces” se puede aplicar a todos los dogmáticos, incluidos los de izquierda, incluidos los que ayer renegaban de la dialéctica izquierda-derecha, incluidos los que desde su prepotente torre de marfil se consideran poseedores de la verdad absoluta y, por tanto, más allá del bien y del mal.

@JoseRaigal

 

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