Sindicalismo necesario

necesario

Tras las veraniegas reflexiones para repensar las Comisiones Obreras, en el sindicato nos encontramos ya en plena vorágine precongresual, sumergidos en la puesta a punto del proceso que se iniciará con las asambleas de base el próximo mes de diciembre.

Mientras, los partidos siguen a la greña en un año en que la izquierda, en general, sigue mostrando los vicios de toda la vida aunque las responsabilidades no sean necesariamente las mismas, pues algunos han errado más, otros han errado menos, pero entre todos lo mataron y él solito se murió. O al revés, Rajoy seguirá campando a sus anchas gracias al NO de Pablo Manuel Iglesias en la investidura de Pedro Sánchez y, a tenor de lo que vamos viendo, también gracias a un Pedro Sánchez que enrocándose en el #NOesNO, tan sonoro en twitter pero tan poco inteligente políticamente, propiciará una nueva vuelta electoral que reforzará a la derecha dadas las tendencias actuales.

Podemos, tras fagocitar a Izquierda Unida (buen trabajo, Tania), parece andar empeñada en fagocitarse a si misma. Tras la pérdida de más de un millón cien mil votos y el fracaso en forzar al sorpasso al PSOE, el inicio de su declive se ve acelerado por sus rencillas internas, aderezadas por la salsa rosa de la “nueva” política, cada vez más calcada de la vieja, donde para más hazmerreir la política de alianzas se comenta que está dinamizada por la endogamia interna, que llena a su dirección de parejas y exparejas que dibujan su mapa de facciones. No en vano Venezuela es patria de culebrones y telenovelas larguísimos y enrevesados de traiciones y amores despechados.

Pablo Manuel Iglesias es, sin duda, el mayor responsable de la debacle que ya ha comenzado. Su autoritarismo y egolatría mesiánica, que catapultó un movimiento caudillista a creer que podría asaltar los cielos, se ha convertido en un pesado lastre que tira de los pies de Podemos hacia el fondo de la ciénaga. Su negativa a asumir responsabilidades ante la debacle del 26J no ayudó precisamente a reorientar su estrategia. Ahora bien, en un movimiento que ha fermentado adorando a su líder ¿es posible un Podemos sin Pablo Manuel?

Pedro ha venido jugando sus bazas de una manera encomiable, apostó por renovar al PSOE y a su estrategia, hizo una necesaria limpieza en Madrid al extirpar el cáncer que suponía Tomás Gómez, paró la caída en picado en que estaba sumido por sus múltiples pecados el Partido y gestionó como mejor pudo el resultado electoral del 20D del 2015: Consiguió que Ciudadanos firmara un pacto tan derivado hacia la izquierda que Albert Rivera fue castigado en la segunda vuelta por su electorado con 8 escaños. Sólo la negativa en ese momento acérrima de Pablo Manuel a votar SI en la investidura de Pedro Sánchez permitió que hayamos llegado al punto en qué nos encontramos.

Ahora bien. Mediatizado por el discurso y las acusaciones podemitas, Pedro Sánchez ha llevado al Partido a un callejón sin salida con su numantina postura del NO es NO sin aportar alternativas. Y digo numantina porque conlleva unas ciertas dosis de suicidio político. No ha tenido ni la inteligencia, ni el valor ni la responsabilidad, de haberse abstenido para obligar al PP a gobernar con absoluta debilidad dados sus escasos 137 diputados. Haber desbloqueado la crisis de gobierno haciendo que Rajoy gobernase con una exigua mayoría hubiera facilitado al PSOE y al resto de las fuerzas del cambio llevar a cabo una oposición letal contra el PP, frenando la fase de reforzamiento de la derecha y forzando a una política de consensos y acuerdos necesaria con el actual panorama de fragmentación política.

A estas alturas, difícil desdecirse cuando la bravuconería del NO es NO ha sido tan repetida y difundida por todos los medios y en todos los foros, y a quienes han defendido dentro del PSOE la abstención se les ha hecho un pressing desmedido, con descalificaciones inaceptables, más propias de una caza de brujas. Pero es necesario un debate político en libertad y sin complejos dentro de las filas socialistas para articular una estrategia de recuperación que nos haga salir del hoyo en que nos hemos metido.

Con semejantes mimbres, el porvenir de la izquierda política no parece muy halagüeño. La operación Podemos, efectivamente, ha conseguido lo que parecía imposible tras la brutal contestación social que tuvo la legislatura negra de Rajoy, debilitar a la izquierda para que siga gobernando la derecha. Porque, pese a que Pablo Manuel antes lo negara y dijera que eran conceptos superados, si existen izquierda y derecha. Y su entrada en escena a dado, de momento, un año más a un Rajoy “en funciones”, que demuestra que no está tan equivocado cuando no mueve ficha, porque le basta con los errores de la izquierda.

De nuevo, como tantas y tantas veces, con todas sus virtudes y sus defectos, con todas sus luces y sus sombras, el sindicalismo de clase vuelve a ser la trinchera necesaria y obligada desde donde afrontar el conflicto social, principalmente en el marco laboral, en las empresas, que es nuestra razón de ser y el origen de nuestra existencia, pero también como movimiento sociopolítico que actúe decididamente en defensa de un estado de bienestar (1) que, hoy por hoy, corre peligro por todo lo escrito más arriba.

Y no olvidemos los recortes que Europa va a obligar a aplicar al gobierno que finalmente tengamos. Sea el que sea. A quienes sacan pecho bravuconamente les recuerdo que Tsipras, la esperanza griega, encadena huelga general tras huelga general dados los recortes que, no le queda otra, va perpetrando contra su pueblo.

Comisiones Obreras no es apolítica, pero es independiente de cualquier partido u organización y preserva celosamente su autonomía sindical. En la coyuntura actual esto es un especial valor añadido, dada la crítica y cainita situación de la izquierda política. La apuesta decidida por la independencia del sindicato hizo de Comisiones Obreras el primer sindicato de clase de este país y nos llevó a más de un millón doscientas mil personas afiliadas. Reforzar el sindicato, actualizándolo en cada proceso congresual desde abajo, es imprescindible para que la clase trabajadora recupere sus derechos perdidos y avance en la mejora de sus condiciones laborales y sociales de futuro. Toque el gobierno que toque en cada momento.

@JoseRaigal

 

(1) El sistema público de pensiones es un elemento básico que es más preciso preservar como cuestión de estado más allá del debate político, muy interesante el artículo de Carlos Bravos ¡Qué aburrimiento! Si no fuera por la importancia de las pensiones Carlos Bravo es Secretario de Protección Social y Políticas Públicas de CCOO

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