Aburrido de caudillos superstar

Comenzamos el año tal y como lo acabamos, y es que la historia se repite una y otra vez, como tragedia o como comedia dada la lamentable condición del ser humano, pero de algunos más lamentable que de otros.
El presidencialismo es denominador común en las organizaciones humanas, desde los magníficos o patéticos presidentes de EEUU (dependiendo del momento histórico) hasta la más minúscula Comunidad de Vecinos del edificio más chiquitito del pueblo más escondido en la España profunda. Abunda la fauna que dedica el 100% de sus esfuerzos a mantener su sillón y ocupar los primeros planos en los medios, por encima de los intereses a los que dice servir y en nombre de los cuales crea y cultiva su chiringuito particular. Habitualmente esta fauna tiene éxito en sus objetivos, dada su dedicación exclusiva al propósito de acaparar el poder, y dado que suelen explotar las facetas más tenebrosas del ser humano, como son el miedo en unos casos y la ambición en otros.

Sirvan como muestra, aunque no exclusiva, los lamentables ejemplos que están dando Pablo Manuel Iglesias y Pedro Sánchez, cada uno en su ámbito de influencia. El primero, muestra extrema de caudillismo superstar, viene a identificar su persona  con su organización, al igual que aquel rey absolutista que dijo “El Estado soy yo” sin despeinarse, el tertuliano visceral venido a más ha lanzado a sus secuaces a defender allá donde se tercie que sin Pablo Manuel Podemos desaparecería, en su pugna con un Errejón que, quien lo habría dicho, acabará pareciendo casi sensato y razonable al lado de la hidra monocabeza que es Pablo Manuel.

El caso de Pedro Sánchez es más humillante, especialmente para quienes al principio apostamos por él, cuando le veíamos como alguien capaz de liderar un proyecto de futuro y ahora nos damos cuenta de que es alguien incapaz de comprender que su tiempo ha pasado. Desautorizado por nuestro Comité Federal, órgano elegido democráticamente y máximo órgano de dirección del Partido entre congresos, continúa cual vieja gloria que pese a su decadencia se esfuerza en maquillarse y seguir aparentando lo que fue pero ya no es. Evidentemente, su actitud de enrocarse a perpetuidad perjudica la imagen del Partido, pero especialmente le perjudica a él. Hay que saber cuando llega el momento de irse y hacerlo con dignidad, sin espectáculos lamentables. Cada cosa tiene su momento y cada día tiene su afán, nada es para siempre.

Por encima de los individuos, de los caudillos y de las caricaturas patéticas de caudillos, están las organizaciones y el trabajo que, entre luces y sombras, desarrollan y que produce resultados. Si son útiles para que nuestra clase avance las organizaciones de izquierda crecerán y se desarrollarán, pero si la ambición personal de los caudillos o sus caricaturas lleva a las organizaciones a la ineficiencia y a la parálisis, entonces, antes o después, se habrán merecido acabar en el basurero de la historia.

@JoséRaigal

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