Trump contra el TTIP (o ¿es la globalización intrínsecamente perversa?)

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¿Es la globalización intrínsecamente perversa? ¿Es el proteccionismo de izquierdas o de derechas? Ahora que se ha puesto de moda repensar (aunque ya empezara con ello Don Santiago Carrillo hace más de medio siglo con el eurocomunismo) no estaría de más lanzarse preguntas con sinceridad quienes no tienen empacho en lo de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. [Dejemos la motita para mejores ocasiones]

Hace algunos años, los sindicatos europeos occidentales clamaban cuando las multinacionales deslocalizaban la producción trasladando sus plantas de producción a países con mano de obra más barata, legislaciones laborales laxas (cuando no inexistentes) y beneficios fiscales facilitados por la inexistencia allí de protección social a cargo del estado. La liábamos parda cuando se trasladaba una fábrica de Europa al sudeste asiático, o cuando el Telemárketing (ahora Contact Center) se llevaba el negocio a Latinoamérica o al Magreb.

En cambio, ahora, cuando Trump arrebata a Pablo Manuel Iglesias el liderazgo contra el TTIP, cuando Trump abusando del poder que le ha sido conferido mueve la producción desde México a EEUU, entonces la volvemos a liar parda, pero esta vez en dirección contraria.

¿Las próximas manifestaciones contra el TTIP enarbolarán fotografías de Trump con el dedo extendido marcando el camino? ¿O algunos perfiles en las redes apellidados #NoTTIP añadirán el #GraciasTrump? No creo, estoy exagerando a propósito porque muchas veces el desarrollar las líneas de pensamiento en exceso demuestra las contradicciones que, en un debate simplista y de bajo nivel, quedan camufladas.

Con el auge del populismo (no de nuevo cuño aunque calificado como “nueva política”) se han relanzado en la izquierda los antiguos tópicos maniqueos más parecidos al dogma religioso que al pensamiento progresista. La crítica radical contra la globalización coloca en el mismo lado de la barricada de la extrema derecha chovinista y proteccionista americana a la que representa Trump a mucha gente que le odia a él y a sus discursos, aunque por lo que parece coincide obscenamente con lo que él hace.

Al final resultará cierto eso de que los populismos, como los extremos, se tocan.

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