Aunque la xenofobia se vista de seda…

Xenofobia: aversión exagerada a los extranjeros (Diccionario de la RAE).

La xenofobia (/seno’fobja/ o /ʃeno’fobja/)1​ es el miedo, rechazo u odio al extranjero (Wikipedia).

Empiezo hoy con sendas definiciones porque en el maremagnum desatado en torno al debate sobre el órdago separatista de Puigdemont y sus acólitos, se juega con tantos prejuicios, cuestiones que se dan por supuestas y apriorismos varios que a mucha gente le chirría definir como xenófobo al separatismo que propugnan un colectivo de catalanes al considerar extranjeros al resto de los españoles (este colectivo separatista o secesionista es mayoritario en diputados en el Parlamento catalán, pero resultó minoritario en votos, no lo olvidemos).

Frenemos un momento la ebullición neuronal que provoca el debate nacionalista y veremos que, efectivamente, el odio a lo español que rezuma el dislate separatista es eso, xenofobia pura y dura, mal que les pese a tantos pretendidos “revolucionarios” que han abrazado la bandera separatista con una pasión digna de mejores causas.

Y así andamos, con la xenofobia separatista retroalimentándose mutuamente con la xenofobia granespañolista. En este panorama de exasperación tienen ardua tarea quienes llaman a un diálogo por encima de las exhibiciones de testosterona de la derecha catalana y de la derecha española.

Porque, las cosas como son, no se sabe qué es lo que pesa más en que la burguesía separatista catalana esté echando tanta gasolina al fuego del enfrentamiento civil: si es por el sinsentido de que el PP usara al Tribunal Constitucional para cargarse el Estatut que muy a duras penas consiguió consensuar Zapatero con los partidos catalanes, o si es para con toda esta barahúnda echar tierra sobre el asunto de la corrupción en torno a la familia Pujol y otros prohombres del nacionalismo catalán y sus comisiones del 3%.

Llegará el primero de octubre, de como se gestione esa jornada por todos y, sobre todo, el día después, dependerá en buena parte nuestro futuro político y social.

Mientras tanto, no olvidemos a una mayoría de catalanes que votaron opciones contrarias al separatismo, que son tan catalanes como los otros y que deben ser tenidos en cuenta y defendidos por el Estado del que son ciudadanos.

@JoseRaigal

Nota: imprescindible leer la entrevista a Albert Boadella publicada en El Mundo y que he leído después de terminar este post pero antes de publicarlo.

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