La pela es la pela…

Ni se le pueden poner puertas al campo ni se pueden trazar fronteras en el mar. Desde hace tiempo numerosísimas voces desde la izquierda nos hemos posicionado claramente contra el aislacionismo xenófobo de los separatistas, también en Catalunya.

Pero lo que denunciábamos como injusto, racista, antidemocrático y perjudicial para la clase trabajadora se ha revelado, además, imposible.

Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

El pueblo catalán siempre se ha caracterizado por su sentido práctico. La pela es la pela. Y ese sentido práctico ha llevado a una multitud de empresas, muchas de ellas símbolo tradicional de Catalunya, a trasladar su sede social fuera de allí, a otras Comunidades Autónomas españolas. Prefieren no arriesgar ni una incierta situación jurídica en caso de una declaración de independencia ni posibles boicots en un mercado, el resto de España, que supone por termino medio en torno al 80% de su negocio.

Así, el empresariado catalán ha dejado bien claro que la independencia no es deseable para la economía catalana. El goteo continuo e incesante de empresas está siendo un golpe demoledor a esa fantasía reaccionaria e irreal que el sector más chovinista y paleto de la burguesía local ha conseguido contagiar a un muy significativo porcentaje, aunque no mayoritario, del pueblo catalán.

El irresponsable delirio secesionista ha dañado de forma grave la convivencia democrática, especialmente dentro de Catalunya pero también en el resto de España. Según va avanzando la escenificación de Puigdemont y sus acólitos, la economía catalana se resiente y entra en caída libre, contagiando con sus efectos a la española, de la que es parte y a la que está intrínsecamente vinculada.

Hoy martes este post se publicará antes del pleno del Parlament. Crece la frustración entre la ciudadanía que se dejó seducir por los cantos de sirena, sólo persisten en su huida hacia delante los elementos más marginales y antisistema, aquellos incapaces de construir nada, mucho menos una nación independiente.

Paradójicamente, en estos momentos la obstinación separatista sólo favorece al PP que no necesita excesivos esfuerzos para desmantelar esta patochada, y que ya está rentabilizando de forma partidista en toda España el rechazo que provocan los separatistas.

No demuestra mucha visión política la dirección secesionista. Su inevitable derrota y martirologio puede que les reconforte su ego personal, pero a quien le garantiza largos años en el Gobierno español es a la derecha.

Todo el pueblo español, todos los territorios de España, sufriremos los efectos de la estéril bravuconada chovinista de Puigdemont y su banda.

@JoseRaigal

 

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