A propósito de los propósitos para el nuevo año

Si algo caracteriza estos días es marcarse uno mismo objetivos para cumplir el año que entra, y eso después de haber hecho una especie de balance moviola con la repetición de las jugadas más interesantes del año que se acaba.

En lo de los balances, lamentablemente, mucha de la gente que presume de mirar hacia delante no sólo no ha hecho un balance, con una buena dosis de autocrítica que siempre, siempre, es necesaria, sino que las jugadas que ha repasado en la moviola son las del equipo contrario. Mal van si de todo este año solo recuerdan eso, porque parece que su propia identidad se define en función del contrario que, ése si, parece que tiene toda una colección de agravios que reprocharle, pero que se queda en eso, básicamente una pataleta.

Y como de aquellos polvos estos lodos, quienes se pasan la vida reaccionando contra sus rivales, dejando que sean ellos quienes les marquen el paso y haciendo del lamento quejoso permanente la razón de su existencia, precisamente por eso mismo carecen de un proyecto capaz de ilusionar al personal. No atinan a definirse sobre sí mismos.

Acabé 2018 leyendo un artículo que me hizo reflexionar sobre este particular, El año en que se fundió la izquierda (1), y que me llevó a mi más tierna adolescencia donde en todas y cada una de las organizaciones comunistas y radicales en las que milité (y fueron unas cuantas) siempre escuchaba la letanía de buscar propuestas imaginativas. Y desde entonces, finales de los 70, hasta ahora, incluyendo el más contemporáneo proceso de repensar el sindicalismo de clase y el descubrimiento de la rueda por parte del nuevo populismo caudillista.

En todo ese tiempo, desde el cariño y sin acritud, de propuestas imaginativas ná de ná, y cuando alguien ha esbozado algún tímido intento de llevar alguna a cabo, ha sufrido los más despiadados placajes por su propia gente. No doy nombres para no distorsionar la lectura de este post removiendo tus filias y fobias, ahora que lo estás leyendo, pero si te das una vuelta por mis tuits verás por donde va la cosa 😉

No sé si 2018 será el año en que la clase trabajadora y las corrientes progresistas en España, en Europa y en el mundo consigan mover ficha creando, esta vez si, un proyecto ilusionaste con auténtica imaginación, que falta hace, para dinamizar la historia en favor de toda la sociedad. La verdad es que con el panorama que tenemos mal nos luce el pelo.

La prueba irrefutable de lo mal que estamos es que un individuo como Rajoy puede continuar siendo Presidente de Gobierno con una práctica de inmovilismo absoluto, sin llevar a cabo estrategia alguna, simplemente sentándose a la puerta de la Moncloa viendo como pasan los cadáveres de sus enemigos, especialistas en la riña navajera dentro de casa pero absolutos inútiles en la batalla en campo abierto.

Y eso, con el debido respeto a tanta y tanto militante realmente ilusionado que se deja la piel en el día a día, por mucho que haya quien lo justifique envolviendo sus argumentos en papel de celofán de colores (rojos o morados).

Pese a todo el pesimismo nihilista anterior, mantengamos la curiosidad en ver qué sorpresas nos depara el año que acaba de comenzar. Si es que hay alguna.

@JoseRaigal

(1) El año en que se fundió la izquierda, de Pablo Pombo.

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