Seamos irresponsables (o no)

Cuando desde la DGT se propuso el kit que sería bueno llevar en el vehículo para afrontar posibles nevadas e inmovilizaciones de los vehículos, el gracejo popular ese que tradicionalmente hace chistes de todo (y más todavía desde que existen las redes sociales) empezó con el cachondeo descalificador, en este caso y a mi parecer muy pillado por los pelos.

Y digo esto porque, que yo sepa, la inmensa mayoría de los objetos recomendados ya los llevan consigo, de oficio, quienes conducen. Chaleco reflectante y triángulos señalizadores, así como herramientas básicas y, en épocas de nieve, las preceptivas cadena, van (o deberían) en cualquier vehículo. Un móvil con su cargador no creo que suponga una excepción, la radio de mano cierto es que ha sido sustituida por las propias de los vehículos, pero tampoco ocupa ni cuesta tanto, igual que la provisión de barritas y bebida (que también mucha gente lleva sin necesidad de recomendación). Los ganchos de remolque, el botiquín, las pinzas para arrancar la batería, el silbato, el gorro y los guantes, y especialmente la pala, son más excepcionales en mayor o menor medida pero, más allá de la pala, tampoco suponen mayor incomodidad.

La cuestión principal es la dejación que hacen de su responsabilidad individual muchas personas hoy en día. Claro que hay que exigir que el Estado ponga los medios adecuados para proteger a toda la ciudadanía ante catástrofes de todo tipo pero, ¿eso exime a cada persona de cuidar, también, de ella misma y de su gente?

No se ha acabado de asimilar que el tener un Estado que nos proteja no es contrario a asumir cada cual sus responsabilidades. Y alguien que se echa a la carretera con riesgo de nevadas, evidentemente, no debería hacerlo con una mano delante y la otra detrás esperando que, si pasa algo, venga la caballería a rescatarle.

Me cabrea enormemente que montañistas amateurs se metan en la boca del lobo, sin tener ni la más remota idea de qué es la montaña, y luego de haberse perdido o bloqueado tengan los guardia civiles de turno que arriesgarse y desarrollar costosas operaciones de rescate que, también, pagamos tú y yo con nuestros  impuestos.

Repito: el Estado debe de proteger, pero cada persona debe asumir también su responsabilidad individual. No eximo de responsabilidad ni al Estado ni a las personas. Pero no caigamos en la queja lastimera, metiéndonos alegremente en cualquier fregado esperando que luego vengan a rescatarnos.

Reclamar que el Estado cumpla con su papel no nos quita de que tomemos nuestras propias medidas, de que actuemos con sensatez y de que minimicemos riesgos. Aunque, sin duda, es más cómodo pasar de todo y, cuando truena, ponerle una hoja de reclamación a Santa Barbara.

@JoseRaigal

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