Orgulloso de ser sindicalista de CCOO

Esta noche, con un café irlandés calentando mi cuerpo y mi espíritu, he renunciado a estructurar para este miércoles un elaborado post sobre movilizaciones y negociaciones, estrategias de combate y alternativas de futuro. Estoy muerto matao.

Las cosas como son, hoy ha sido un día duro, con la atención y el esfuerzo dividido en muchos frentes, cansancio y algunos sinsabores. No me encuentro con ganas de ponerme políticamente correcto o estilosamente literario. Así que, y con vuestro permiso, voy a escribir este post desde mis vísceras.

Hace días tuve la intensa experiencia de escuchar como compañeros bastante simples agredían dialécticamente a un camarada muy estimado por mí, Carlos Bravo, y a todo el trabajo, tiempo, esfuerzo y coste personal que está derrochando este hombre en defender nuestras pensiones presentes y futuras.

Tomé la palabra, como otros, para reafirmar que la inmensa mayoría respetamos, apoyamos y defendemos el trabajo de Carlos y quienes, como él, cargan sobre sus espaldas y conciencias con la enorme responsabilidad de dirigir las Comisiones Obreras y conseguir resultados a gran escala con su labor sindical.

Y comencé mi intervención proclamando mi orgullo de estar en este Sindicato, y no en ningún otro, y mi orgullo de ser sindicalista y dedicarme a tiempo completo al trabajo más enriquecedor que conozco: representar, defender y organizar a la clase trabajadora.

Piquete en Gran Vía, Madrid, Huelga General 29 de marzo 2012. Yo con gafas de sol a la izquierda, como siempre ;-)

Piquete en Gran Vía, Madrid, Huelga General 29 de marzo 2012. Yo con gafas de sol, a la izquierda, como siempre. 😉

Me gusta mi condición de sindicalista, me siento afortunado de serlo aunque emplee para ello casi todas las horas de los días laborales (y unas cuantas de las festivas) y disfruto con la adrenalina que me genera tener la mente inmersa en currar para mi clase.

Cuando mis energías se van apagando al final del día me viene a la mente eso de “sarna con gusto no pica, pero mortifica” y cuando la hipertensión nerviosa amaga con dispararse recuerdo con irónica sonrisa que por mis apretadas arterias corren ríos de sangre roja hacia mi corazón, situado a la izquierda.

Un trabajo ingrato, el de sindicalista. Muchas veces no conseguimos lo que buscamos, la realidad es tozuda, “los malos” son poderosos y cuesta torcer su brazo en los pulsos, las escaramuzas y las batallas. A veces perdemos, algunas ganamos, pero tengo absolutamente claro que de no existir las Comisiones Obreras, todo lo cubriría una inmensa derrota un millón de veces más dolorosa que todas juntas las que ahora sufrimos.

Por eso me considero un privilegiado. Trabajo mucho, lo saben bien quienes me conocen, pero tengo la inmensa suerte de hacerlo junto a nuestra gente y por nuestra gente, contribuyendo a que el Sindicato sea más fuerte y eficaz y, por tanto, más útil para nuestras compañeras y compañeros de clase. Me gusta formar parte de la primera, y casi diría que única, línea de defensa de la clase trabajadora.

Conciencia de clase, orgullo de clase… Orgulloso de ser Sindicalista de las @CCOO.

@JoseRaigal

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