La peste xenófoba

El avance de la ultraderecha en Austria y en Alemania pone los pelos como escarpias a cualquiera con una mínima memoria histórica. En el siglo pasado la barbarie que desató el populismo xenófobo arrojó un saldo de decenas de millones de muertos y una destrucción en Europa y el resto del mundo que aún sobrecoge los ánimos.

En contra de las filosofías utópicas que tan avanzadas parecían hace tiempo, el hombre tiene una faceta dañina que prevalece con facilidad sobre otras. Homo homini lupus. Y la xenofobia es una de las expresiones máximas de malignidad individual y colectiva, al retrotraernos a la mentalidad estrecha de la tribu enfrentada al resto de las tribus.

En Europa tenemos sobradas muestras de las masacres que el populismo ultranacionalista puede desencadenar. Más allá de lo sufrido en la Segunda Guerra Mundial, el horror que prendió en los multiculturales Balcanes es otra muestra de lo intrínsecamente perjudicial que es el nacionalismo para el género humano.

Las evidentes imperfecciones de cualquier sociedad humana, también en su articulación global y supranacional como puede ser la moderna Europa, y la insatisfacción que provocan en amplios sectores de población, son el nauseabundo caldo de cultivo donde se alimentan y desarrollan las demagogias populistas que aprovechan aspirantes a caudillos para asaltar el poder.

Da lo mismo que se etiqueten como revolucionarios, progresistas, nacionalsocialistas, independentistas o cualquier otro calificativo que disimule su afán de acabar con la democracia y las libertades, aún respetándolas formalmente.

La previsible entrada de la ultraderecha en el gobierno austriaco, el Brexit separatista británico y el fallido golpe de estado del independentismo en Catalunya son las últimas agresiones que ha sufrido la Europa democrática.

Cierto que la Unión Europea es manifiestamente mejorable, que tiene muchos fallos y aspectos a reformar. Pero que no te engañen. El populismo, el fascismo, el nacionalismo y el odio hacia el resto de los pueblos no son la solución. Son la forma más segura de reescribir las páginas más horribles de la historia de la humanidad, de nuevo en suelo europeo.

@JoseRaigal

 

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