Guerra a la precariedad #PrecarityWAR (un post)

No me gusta la guerra, pero hay veces que no queda otra. Las guerras nunca son deseables, sacan lo peor (también lo mejor, pero menos) del ser humano, causan destrozos materiales y espirituales, generan sufrimiento y dejan heridas que no cicatrizan y cadáveres en todos los bandos.

Pero de la guerra que hablo hoy es otra, porque es la que ha sido declarada contra la precariedad en las relaciones laborales. Precariedad, horrible palabra que describe sobre todo falta de ilusiones y de esperanzas, la muerte de un proyecto vital para generaciones enteras, y eso es tan horrible y despreciable que si, que merece la pena declararle la guerra.

NO FUTURE. Esta derrotista consigna del punk inglés de los años 70 definió una época gris y mediocre de nuestra sociedad occidental, sin futuro, sin expectativas. Lamentablemente, en esos subeybaja cíclicos con que nos flagela la historia y la economía, los malos han aprovechado para instalar de nuevo entre los jóvenes (y no tan jóvenes) de la clase trabajadora la desesperanza y la desilusión como bandera.

Condenan a nuestra juventud a salarios que sirven para echar una mano en casa y para cubrirse sus gastos, pero ni por asomo abren un resquicio a pensar en establecerse por su cuenta. Porque, además de que los salarios sean escasos, la duración del trabajo es indefinida en la peor de las acepciones de la palabra. Porque es lo malo, que ni siquiera se sabe cuanto va a durar, todo está pendiente de un hilo y así no hay quien piense con un mínimo de anticipación en diseñar un proyecto de vida propio.

Con un despido casi gratuito a la par que libre y nada elegante, la voluntad del empresario de turno es la que diseña el entorno laboral, ignorando obscenamente convenios y reglamentaciones laborales. Poca legislación se cumple si el sindicato no está presente, y en los sitios donde está cuesta horrores cumplirla porque la reforma laboral (¿recuerdas?, aquella del PP en 2012 que intentó demoler la negociación colectiva) ha generado una inseguridad jurídica terrible.

Pues en estas condiciones no queda otra que ir a la guerra. Los sindicatos están manos a la obra desde siempre, con mayores o menores éxitos en unas condiciones extraordinariamente más adversas desde la Reforma mencionada. Se hace lo que se puede y, en ocasiones, gracias al trabajo y al sacrificio de compis excepcionales, con un coste personal doloroso por su parte, se hace incluso más de lo que se puede.

Mi Federación, que abarca sectores tan precarizados como hostelería, comercio, contact center, oficinas y otros, junto al trabajo día a día de secciones y sindicalistas ha lanzado una campaña, #PrecarityWAR (las mayúsculas son mías), para llamar la atención y espabilar las conciencias, que falta hace para que la sangre circule por las venas y la adrenalina fluya.

Al más puro estilo Marvel y DC hemos sacado al héroe que llevan dentro las mujeres y hombres de nuestra clase, la trabajadora, cuando sobreviven en tan penosas condiciones laborales y sociales.

Si te encuentras con esos tuits y notas en las redes, ayuda a difundirlos, es imprescindible crear opinión. Pero más importante es tu afiliación y tu participación sindical, aportando lo que puedas para luchar contra la precariedad y para mejorar al propio sindicato como herramienta imprescindible de autodefensa de la clase trabajadora.

No son tiempos de quedarse al margen, mirando desde fuera. Estamos en guerra.

@JoseRaigal

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